Amor y miedo, ladrillos para el éxito.

Actualizado: oct 10

Cada experiencia genuinamente amorosa transforma nuestro ser.

Se es uno antes y otro después. Nosotros creamos el amor y

el amor nos recrea. Es la suprema fuerza creativa del universo.

Alfonso Ruiz Soto


A menudo escuchamos que tenemos que elegir entre el amor y el miedo, y suena como más sensato pararse en el amor y hacer a un lado el miedo que viceversa. Pero en realidad, estas dos emociones no son necesariamente excluyentes. No hay emoción humana que no tenga una función. De hecho, si las experimentamos, es porque son parte de nuestra evolución, de lo que nos ha traído hasta aquí. Y aunque es posible experimentar una emoción en particular en un momento dado, es muy común tener una revoltura de emociones que se enmascaran unas a otras y que nos pueden confundir.

Así por ejemplo, podemos experimentar mucho miedo y ansiedad cuando nuestro hijo adolescente, que salió de fiesta, no llega a la hora acordada y no sabemos nada de él. Cuando, horas más tarde aparece en la puerta con cara de culpabilidad, lo abrazamos aliviadas y con todo el amor que sentimos por él y, aunque sólo atinamos a agradecer que se encuentre bien, lo que sale de nuestra boca es una frase dicha con frialdad y enojo. ¿Qué horas son estas de llegar?

Cada una de esas emociones te hizo saber una necesidad. El miedo que acompaña la incertidumbre te hizo saber que necesitabas sentirte protegida de los peligros que, en tu cabeza o en la vida real, acechan a tu hijo; el amor con que lo abrazamos cuando se materializa frente a nuestros ojos sano y salvo, habla de la conexión que necesitamos establecer con él, y el enojo con que le hablamos, habla de nuestra inminente necesidad de poner límites. Las emociones son complejas, tienen muchas capas y se comportan de forma distinta en cada uno de nosotros. Por eso es tan importante conocernos bien, autoobservarnos constantemente, para identificar nuestros patrones emocionales y aprender el lenguaje de lo que sentimos, en vez de dejarnos abrumar por ello e ir como autómatas a merced de sus impulsivas reacciones.

Y esto aplica también en otras áreas de la vida. El éxito, por ejemplo, tiene una dicotomía inesperada. Lo buscamos por una combinación de dos emociones que se consideran opuestas, el miedo y el amor. En realidad, como ocurre con todas las dicotomías, ambas emociones van muy de la mano, a veces se traslapan o son simplemente una perspectiva distinta, a veces apenas ligeramente distinta, de la otra.


Es posible que busquemos el éxito por amor a lo que hacemos, al sentido que le da a nuestra vida aquello en lo que nos desempeñamos, o a la vocación de servicio que nos permite experimentar y que nos llena de satisfacción. Y también puede ser que lo busquemos porque tenemos miedo a no hacer nada y quedarnos aislados, a no tener un sentido de trascendencia, a no ser considerados personas bondadosa o a sentir el vacío que nos imaginamos obscurecerá nuestra vida si no demostramos que somos capaces de lograrlo. Hay muchos matices para describir un anhelo, una necesidad o un impulso para ir en busca del éxito. Y todos, son válidos. A veces es justo la combinación de todos lo que nos pone en marcha, nos alienta a salir de nuestra zona de confort y nos motiva a seguir esforzándonos cada día. No creo que tengamos por qué elegir ninguno de los dos extremos como plataforma de lanzamiento para nuestra aventura de vida, porque creo que ambos, el amor y el miedo, son parte de la experiencia de ser humanos. Humanos de verdad, maravillosamente imperfectos, vulnerables y contradictorios. Por otro lado, se hace necesario definir la palabra éxito. La palabra proviene del término latino exitus (salida), y se refiere al "efecto o la consecuencia acertada de una acción o de un emprendimiento." (1) Su raiz sigue siendo vigente si pensamos que "sobresalir" es diferenciarse de lo demás, por lo que la definición en sí misma implica una diversidad que haría imposible juzgar, desde ojos ajenos al que lo vive, qué experiencia es exitosa o no. Lo que es una consecuencia acertada para unos, no lo es para otros. Me viene a la mente algo que le he escuchado a José Mujica varias veces y que me mueve el corazón: "Triunfar es sentirse feliz y levantarse cuando uno se cae, no ser rico." Esto me habla de varias cosas que resuenan con lo que yo quisiera para mi: contentamiento, capacidad de reconocer lo que sí tengo, resiliencia, libertad, plenitud. Y aunque la RAE también incluye en su definición la noción de la felicidad, "Resultado feliz de un negocio o actuación", en esta sociedad en que vivimos, la palabra tiene más bien un sonido metálico, está totalmente asociada con nuestra capacidad de consumo, con la capacidad de cubrir necesidades inventadas, con dinero obtenido a cambio de, parafraseando de nuevo a Mujica, dar horas de vida en trueque. No pagamos las cosas que compramos con dinero, sino con horas de vida, afirma Mujica. En esta fórmula no se alcanza a distinguir el tema de la felicidad, ni de la libertad, ni del amor. Y bueno, una vez más, éstas no son mas que experiencias humanas que tenemos a nuestra disposición como caminos que seguir para intentar vivirlos. Lo que se hace evidente es que en realidad el éxito es muy subjetivo. Y que sólo a cada uno toca hacer una pausa, escucharse, conocerse y definir cómo se vería el éxito para nosotros, sin asumir que éxito es solamente sobresalir dentro de los límites de la mentalidad que vuelve sinónimos a las palabras éxito y dinero, o más bien, mucho-dinero. Los orígenes de la palabra éxito nos dan el permiso de interpretarla también como salir de los límites, salir del cuadrito, ser libres para construir nuestra propia definición de éxito. Encontremos el rostro del éxito en nuestras vidas, explorando nuestras dicotomías de amores y de miedos, y desde la libertad de aspirar a lo que éstas nos dicten para definir el rumbo que queremos darle a nuestros pasos. Cuéntame, ¿a qué aspiras tú que te haría sentir el éxito? ¿Qué te motiva a regresar a ese camino que te lleva al tipo de éxito que quieres para ti?







(1) Julián Pérez Porto y Ana Gardey. Publicado: 2008. Actualizado: 2012. Definicion.de: Definición de éxito (https://definicion.de/exito/)