Gracias al Feminismo #AhoraSoyMás


Provengo de un linaje de mujeres empoderadas, libres, bien plantadas en la tierra. Y crecí en un entorno donde me apropié de sueños de princesas que no eran los míos, antes de tener el tiempo de descubrir mis verdaderos sueños, de mujer de carne y hueso.

Mi mamá y mi abuela pisaban fuerte, miraban de frente, no se callaban lo que pensaban y sabían poner límites. Eran muy solidarias con otras mujeres, fue de ellas de quienes aprendí la vocación sororal. Ellas no lo sabían, pero su forma de vivir me acercó al feminismo.

La palabra llegó a mi vida en plena depresión postparto. Me sentía bastante perpleja con el diluvio de emociones que tenía, y que no correspondían a lo que "debería" estar sintiendo. Me sentía agotada por falta de sueño, por el estrés del llanto de mi bebé que no lograba prenderse a mi pecho; me sentía sola cuando el papá se iba a trabajar, porque todas mis amigas y vecinas trabajaban, mi mamá vivía en otra ciudad y mi suegra en otro país. El llanto de mi hija generaba eco en el edificio vacío. Y yo me preguntaba, ¿a qué se referían con que iba a sentirme "realizada como mujer"? Cuando llegaban visitas, especialmente mujeres mayores que yo, recibía miradas de desaprobación cuando respondía a su, "Debes sentirte realizada, ¿verdad?", contándoles lo que en realidad estaba experimentando. Sin saber muy bien qué responder, me recomendaban meterme a bañar para que se me pasara el cansancio porque "Esto es lo mejor que puede pasarle a una mujer". Yo me sentía la peor madre del universo porque, ¡claro que el amor se me desbordaba con tan sólo mirar a mi chiquita!, sólo que también sentía todo lo demás.


Escribir ha sido siempre mi manera de ordenar la mente y el corazón. Así que, abrumada por mis emociones, comencé a escribir con toda honestidad sobre lo que estaba sintiendo. En el 2003, en conjunto con mis dos mejores amigas que también se estaban estrenando como mamás, editamos la revista Soy Mamá y Más, que tenía por objetivo hablar sobre la experiencia de la maternidad sin idealizaciones, desmitificándola, humanizándola. Para mi sorpresa, en el primer mes teníamos ya 300 suscriptoras que comenzaron a escribirnos cartas y correos electrónicos, para agradecernos hablar sin tabúes sobre la maternidad, compartiéndonos que se identificaban mucho con mi experiencia pero que no se habían atrevido a confesárselo ni a sí mismas sino hasta que leyeron nuestros testimonios. Creamos una red de Mamás y Más, en una época donde aún no existían las redes sociales, y nos dimos cuenta de lo poderoso que era reunirnos, escucharnos sin juzgarnos, sentirnos aceptadas por más distintas que fuéramos, sabernos apoyadas, sin tener que aparentar ser las mamás perfectas, sin competir entre nosotras. Descubrimos juntas la increíble experiencia de la Sororidad. Eso me hizo tener un enorme sentido de realización.

Y fue de ahí que despertó mi interés en el feminismo, en el trabajo de muchas mujeres que llevaban años pensando en colectivo, reflexionando, generando conciencia, sobre los que significa ser mujer en un mundo en donde no hay equidad entre hombres y mujeres, trabajando por lograr la igualdad de derechos y oportunidades; compartiendo esta conciencia con los demás, y nadando contracorriente con todos los malentendidos y descalificaciones que, hasta hoy, sigue habiendo en torno a este movimiento social tan necesario. Todas ellas, las que conocí en los libros y mis maestras del Instituto Simone de Beauvoir, me hicieron sentir cobijada, comprendida y sorprendida también, al descubrir todo el trabajo pendiente que requiere de nuestro compromiso para construir una realidad más justa, más equitativa para nosotras, para nuestras hijas, y también para nuestros hijos.

Estudiar y vivir el feminismo me hizo darme cuenta de cuán necesario es para lograr una sociedad más amorosa para todos, ellas y ellos. Gracias al feminismo #AhoraSoyMás consciente de mi responsabilidad de aprovechar mis privilegios de mujer educada, de mujer con oportunidades, y de mujer rodeada de hombres responsables y solidarios, para trabajar a favor de aquellas menos afortunadas, que siguen atrapadas debajo de los múltiples techos de cristal (y no hablo sólo del mundo corporativo) que les impiden ejercer sus derechos, tener oportunidades y alcanzar sus sueños. También gracias al feminismo, #AhoraSoyMás feliz como mamá, sabiendo que cada una experimentamos

la maternidad de forma personal, y que no hay una sola manera de ser una buena mamá. La mía, es encontrando el equilibrio entre mi quehacer como mamá y mi quehacer profesional. Gracias al feminismo #AhoraSoyMás consciente de mi misión: soy una Activista de la #Sororidad, y llevo a cabo ese trabajo de consciencia por mí, por mi hija, por mi hijo, por los hombres solidarios de mi vida, y por todas mis compañeras.